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ZeroZeroZero S01E08: Same Blood

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ZeroZeroZero empezó bien, pero el nivel que alcanza en los últimos capítulos es demencial. Parte de una idea brillante (el narcotráfico como la expresión más pura del capitalismo)…

Ignacio Esains
Twitter  |  10 de marzo de 2020

ZeroZeroZero empezó bien, pero el nivel que alcanza en los últimos capítulos es demencial. Parte de una idea brillante (el narcotráfico como la expresión más pura del capitalismo) para construir tres series muy distintas pero conectadas a la perfección.

Es que a diferencia de otras series del género, no se siente que la manejan guionistas sino directores. La primera es la serie de Stefano Sollima, y está en la línea de Gomorra: una exploración clínica, distante, del negocio del tráfico. Planos abiertos. Paleta fría. Documental.

En esos primeros dos capítulos me sorprendió cómo juega Sollima con la empatía, cortando cada momento en el que nos podríamos identificar con los personajes o verlos como aspiracionales. Esto no es Narcos. Ni siquiera es Buenos Muchachos, ni El Padrino. Es nihilismo puro.

¿Pero cuántos capítulos te pueden sostener con una mirada antiséptica? 3-5 son de Janus Metz (de la gran Borg/McEnroe), minipelis de acción y suspenso, viscerales pero aún distantes. Intelectuales pero emocionantes. Me recordaron mucho a Syriana. O a Bigelow sin patrioterismo.

Cuando está justo a punta de cruzar el borde de lo creíble, la agarra Pablo Trapero. El argentino de Elefante Blanco, Carancho, El Clan. Diría que es el mejor director de cine comercial que tenemos, pero me acuerdo de Mundo Grúa y Leonera y por ahí es el mejor a secas.

Después de cinco capítulos en los que #ZeroZeroZero mantuvo los personajes a raya, Trapero acerca la cámara y lo que era inescrutable se vuelve tan personal que duele. Desarrolla principales y secundarios y aunque los vulnerabiliza, milagrosamente no pierden el filo.

Todos los personajes de la serie son, a su manera, criaturas amorales. Por donde pasan salan la tierra, sin importarles las consecuencias, empujados por un hambre imposible de saciar. Ahí, la metáfora deja de ser metáfora. El tráfico ES el mercado. El pecado ES el consumo.

Trapero tiene una mano maestra para hacernos entender a los personajes sin necesariamente justificarlos. Pero no es Haneke con su punto de vista antiséptico. Cada personaje es un agujero negro, y cuando te ves reflejado, no son espejos: son el abismo nietzscheano.

En el primer momento sentí que en estos últimos tres capítulos #ZeroZeroZero había perdido el rumbo, se había vuelto más tradicional. Pero el cierre es bestial porque la serie construye un argumento, una diatriba anticapitalista que no ve alternativa. No ve cambio posible.

ZeroZeroZero palpita furia. El capítulo 6 tiene una secuencia de entrenamiento infernal, agotadora que destroza en 20 minutos el discurso militar, el religioso y el corporativo. Son las escenas más violentas de la serie, pero el trasfondo es de un humor negrísimo.

Creo que mis momentos favoritos (no puedo capturar nada porque es todo spoiler) son dos secuencias de baile, el mínimo hedonismo que se permiten estos personajes que no parecen disfrutar un sólo segundo de su fortuna ni de su poder. Son explosiones mínimas que revelan muchísimo.

No creo que Trapero vuelva a dirigir en Argentina. #ZeroZeroZero es una carta de presentación internacional tan impactante como fue True Detective para Cary Fukunaga. Es lo opuesto de un director por encargo. Cada escena, cada plano tiene veinte ideas. Es un placer ver su laburo.

No pienso spoilear la última escena, nomás decir que dura 10 minutos y en el guión deben haber sido dos páginas. Si te acordás del principio de Leonera o de ese salto del Clan, sabés lo que Trapero te puede hacer sentir.

Anotate: #ZeroZeroZero, @PrimeVideoLat, imperdible.

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