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Columna

Cuando no hay plata, hay amiguismo

Leí algo acá sobre amiguismo en una empresa relacionada con el gaming, y aunque entiendo el tono de bronca no lo comparto. Ni el tono, ni la bronca, ni la perspectiva.

Ignacio Esains
Twitter  |  27 de febrero de 2023

Leí algo acá sobre amiguismo en una empresa relacionada con el gaming, y aunque entiendo el tono de bronca no lo comparto. Ni el tono, ni la bronca, ni la perspectiva.

Me trae flashbacks a la agotadora guerra de la pureza moral que se vivió por acá durante la pandemia.

Para entender el periodismo de videojuegos local hay que entender que todo tiene que ver con la plata.

O mejor dicho, con la carencia de plata.

Cinco periodistas locales viven de esto. Diez, como mucho. Y ni siquiera son los que vos creés.

En este ambiente de tan poca guita estás en modo constante de autopromoción y, sí, cualquier conocido puede ser tu próximo empleador.

Y es más que networking, porque tus habilidades no vienen de un título sino de aficiones, de laburo personal, de pasión. De quien SOS.

Otra cuestión. En un ambiente laboral chico, muy cerrado, sin sindicatos, la única forma de hacer público lo que hacés está en la gente que vas conociendo. La que te lee, te aconseja y sí, te recomienda para laburos.

Porque no somos AIs que generamos contenido sino personas.

Y las personas, lógicamente, queremos trabajar con alguien que se comunique bien, que esté motivado, que tenga cierta estabilidad emocional. Cualidades que, obviamente, identificás en la parte social del trabajo. Así se hacen contactos. De afuera siempre va a parecer “amiguismo”.

Una ¡tercera! cuestión es la forma en la que tus contactos te pueden proteger.

Los medios locales están sostenidos por inversores privados o “soñadores”. Y más allá de las cualidades morales de cada dueño, siempre hay algo de manipulación en la relación empleador-empleado.

El dueño sabe que paga una miseria. Con plata no te va a retener. Necesita un lazo psicológico. Ser tu amigo, ser “poderoso”, “acá podés crecer”, “¿dónde vas a laburar si no?”

El empleado también racionaliza. Cree que el medio le da una plataforma, un punto de partida, un hogar.

Entonces como periodista socialmente consciente empezás comprometiendo tus valores. Todos lo hicimos.

Pelearías hasta la muerte por las condiciones de trabajo de Ubisoft o por el sindicato de QA de Activision. Pero por las razones que sea, aceptás monedas por TU laburo.

El lazo psicológico más efectivo es que tu medio sea tu identidad. Pertenencia y oposición.

Sos de tal medio (los buenos) y no de otro (los malos).

Sos indie o sos la corpo.

Sos gaming argentino o sos cipayo.

Esa identidad tiñe lo que hacés. Le da un valor épico a tu laburo.

Siento que todos los que hacemos esto compartimos ese impulso, pero para no generalizar voy a hablar de mí.

Por mucho tiempo esta dicotomía se expresó como una sobreactuación de mis valores en Twitter. Cualquier arma valía para defender mi ideología, mi punto de vista, mi bando.

Esto se agravó cuando dejé de trabajar full time como periodista de videojuegos. Sin representar a un medio podía expresarme como quería, extendiendo mi bronca no solo a los empleadores sino - fatal - a sus empleados.

Que pueden ser funcionales, pero tanto como yo lo fui antes.

En el último año esta actitud se fue quebrando porque mi bronca ensuciaba conversaciones.

Meterme en debates de dificultad, por ejemplo, sin entender que apoyaba argumentos de gente tóxica. “Cancelar” influencers por ideología usando otras transgresiones (graves) como excusa.

Y sí, también me sirvió estar del otro lado y tratar de entender la bronca de otros cuando estuvo dirigida a mí.

Todas las broncas. Por mi “plataforma”, por mi tono, por mi cercanía con algunos periodistas problemáticos y mi rivalidad con otros de mejor imagen.

No alcanza con admitir que la plataforma no se traduce a empleo, o con explicar que mi vehemencia quería ser cómica, o que en 10 años de laburar en un medio vas a hacer amigos y enemigos por cosas que no son públicas. Mi experiencia siempre va a tener menos peso que tu relato.

Es muy fácil hacer que los fragmentos que ves de la vida de otro encajen en tu propia narrativa. Fichi está enojado porque salió de un medio. Ese otro llora porque lo cancelaron. Aquella entró acá porque es “amiga de tal” (sin tener en cuenta lo que eso implica para una mujer).

Todas nuestras historias tienen matices.

Pero el discurso exaltado #modogrieta evita que seamos francos sobre las concesiones que hacemos en un trabajo o sobre las dudas que expresamos en contexto privado, con amigos, fuera de una red social.

Es el todo por el todo, siempre.

Cada uno tiene sus valores.

Pero luchar en público o hasta en privado por algo que considerás bueno no te hace necesariamente una buena persona.

A mí me sirvió bajar la bandera de la superioridad moral y empezar un proceso de autoexamen. De medios, industria, discurso.

Mi autoexamen fue privado. Hoy sentí que tenía que exteriorizar mi proceso porque me parece el momento apropiado para hacerlo, pero espero que el que me lee con frecuencia lo haya notado. En especial los periodistas que recién están empezando a formar espacios propios, más sanos.

Porque los que se benefician siempre son los mismos. Los pochocleros del quilombo. Los gamers pubertarios que aman ver a la prensa “progre” matarse entre ellos.

Y en especial los empresarios que manejan estos medios. Que históricamente se han escudado detrás de sus periodistas.

Ignacio Esains — Twitter, 27 de febrero de 2023

Publicada en Twitter / ver el original

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