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Journey
Journey / steam

Journey

8
UN TRIP

No dejes de creer

Ignacio Esains
Revista Loaded  /  Review  |  20 de mayo de 2012

Llegamos tarde a Journey. Y casi nos perdemos esta pequeña maravilla de Jenova Chen y Kellee Santiago, responsables que viene impresionando a la crítica fichinera desde su lanzamiento a fines de marzo. Los fichines anteriores de thatgamecompany (Flow y Flower) no nos habían movido un pelo - como el salvapantallas “Laberinto 3D” del viejo Windows 95, eran solo la ilusión de un videojuego. Journey es una excepción. O no. Más o menos.

Journey / steam

En un enorme desierto, nuestro personaje que tiene tanto de sábana como de persona ve caer una estrella en la distancia y emprende el viaje que da título al juego. Journey transcurre a lo largo de una serie de niveles, púzles en tercera persona similares a los de Ico o las tumbas de Assasin’s Creed II, pero mil veces más simples. Uno de ellos requiere que esquiemos en la nieve. Otro pide que escalemos activando plataformas, y uno de los mejores nos ve esquivando enormes bichos de piedra en medio de una ladera azotada por el viento helado. De vez en cuando, un personaje idéntico al nuestro nos acompañará, y aunque al principio parece ser una inteligencia artificial, resulta ser otro jugador. Journey está conectado siempre, y a lo largo de nuestra aventura nos cruzaremos con otros viajeros, de los que no sabemos el nombre ni podemos elegir de nuestra lista de amigos. Los otros jugadores no pueden comunicarse con nosotros más que con simples sonidos musicales, gracias a lo que la ilusión no se rompe nunca, y la experiencia compartida le suma un poco de magia al trayecto.

Journey es un juego lineal y simple, que se puede terminar en dos horas y (a pesar de que existen secretos e items coleccionables) pierde toda su magia si ya descubrimos las sorpresas que cada nivel tiene para revelarnos. Para muchos, los quince dólares que cuesta descargar Journey a través de PSN sonarán un poco excesivos. La primera vez que lo jugamos, sin embargo, resulta una experiencia inolvidable gracias a la combinación perfecta de un estilo artístico minimalista pero detallado, una banda sonora que reacciona a nuestros movimientos y un control del personaje que muchos juegos de plataformas 3D envidiarían.

Journey / steam

Al jugar Journey luego de su exitoso lanzamiento resulta extraño que un juego tan satisfactorio como poco profundo haya resucitado el debate de si los videojuegos son arte. La belleza de esta obra de thatgamecompany es misteriosa y a la vez impenetrable, casi inhumana. Este juego se siente como un objeto de una cultura alienígena, sin el más mínimo interés por la experiencia y emociones humanas. Hablábamos de Ico hace unos párrafos, y en la obra de Fumito Ueda palpita un corazón, una sensibilidad de la que Journey carece. Si hay arte en los videojuegos, está ahí, en la angustia de Ico, la furia destructiva de Shadow of the Colossus, la fragilidad de los juegos de Jason Rohrer, las dudas existenciales de Braid o la metaficción de Catherine. Journey es espectacular y conmovedor – pero eso no alcanza para llamarlo arte.

Lo mejor

Técnica y estéticamente perfecto

Lo peor

Corto. Rejugabilidad nula

Publicada en Revista Loaded

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