
Primera impresion: Far Cry 3
El primer Far Cry fue una aventura caótica. El segundo un fallido juego de mundo abierto. ¿Qué ofrece Far Cry 3? ¿Una versión destilada de estos dos juegos interesantes pero…
El primer Far Cry fue una aventura caótica. El segundo un fallido juego de mundo abierto. ¿Qué ofrece Far Cry 3? ¿Una versión destilada de estos dos juegos interesantes pero imperfectos? ¿O una nueva decepción? Fichinescu pasó un par de horas en la isla de Vaas, y te cuenta.
Eramos muchos los que no dábamos un mango por Far Cry 3. Quizás era el trillado escenario (la isla tropical, los piratas modernos, los nativos místicos) o la falta de confianza que nos habían dado los dos anteriores, pero realmente nada de lo que Ubisoft mostró atrajo nuestra atención… con la excepción, claro, del villano tarantinesco que mostraron en la reciente E3, y que nos sugirió que, al menos, Far Cry 3 podía tener una buena historia.
Y a juzgar por sus primeros 20 minutos, Far Cry 3 tiene una gran historia, tanto que fue filmada hace 13 años como “La Playa”, una rarísima película con Leonardo di Caprio en que vimos más o menos la misma historia: jóvenes pisteros del primer mundo se van de aventura a una playa paradisíaca poblada por dudosos traficantes (en el juego son piratas, pero no de esos que comparten capítulos Two and a Half Men en bittorrent). Todo termina en sangre.
En este caso el villano que secuestra a todos nuestros amiguetes (una sarta de salames que parecen nacidos para postear álbumes de fotos en facebook) es Vaas, un pirata de lo más elocuente que en una brutal secuencia que funciona de breve tutorial e introducción comete el error de jugar al cazador y la presa, dejándonos escapar en un momento afortunado. Jason, nuestro protagonista, es rescatado por lo que parece ser un ex-marine llamado Dennis, que lo tatúa y lo… ¿pone en una senda mística? Posta, es algo muy raro, pero cuando parecía que íbamos a estar acompañando a Dennis por el mundo el juego me tiró la primera de (varias) sorpresas.
Dennis me presta plata para comprar una pistola y me lleva a jugar solamente ters misiones. Vamos por partes. La primera es una muy simple en la que debo escalar una torre que revela parte del mapa, y de la que bajo en una espectacular secuencia que me muestra una panórámica y… ¿qué? ¿Assassin’s Creed? Es el primer guiño de este juego, justamente, a sus compañeros de estudio de Ubisoft Montreal. La mecánica más recordada de Assassin’s Creed, aplicada a un mundo que recuerda mucho más a los subvaluados Just Cause.
La segunda es una corta incursión por la naturaleza donde debo cazar dos jabalíes (hola Red Dead Redemption) y recolectar algunas hierbas (hola… ¿Skyrim? Cada vez se parece más este juego a la joya de Bethesda) para aprender un poco del viejo y querido “crafting”, hacer mis propias pociones, poderes, y etcétera. Ahí veo que hay puntos de experiencia, subo de nivel, recibo habilidades: la primera, la capacidad de apuñalar a alguien por la espalda. Pruebo el ataque y confirmo lo que creía: la violenta animación es igualita a la de Dishonored. Después tengo mi primera misión de disparos, cuando junto con Dennis tomamos por asalto una casita que se convertirá en una de mis bases.
Y después. Después la gloria. Un mapa lleno, REPLETO, de íconos, de quests, de aventuras, de coleccionables, de vehículos que puedo robar y lanzar por acantilados (un clásico de Far Cry 2) y mil cosas que están pasando. Veo mercenarios conversar desde la cima de una montaña. Cocodrilos perdidos en el agua, y varias facciones que sospecho llegaré a conocer muy bien en las decenas de horas que pienso darle a este juego que, con su libertad otorgada en cortos minutos (¿por qué no aprendiste de tus vecinos, Assassin’s Creed III?) ya me ganó, al menos por ahora.
Me gustaría decir que probé gran variedad de misiones y objetivos, pero en mis dos horas de juego adicionales hice la gran GTA, paseando, destruyendo, tirando granadas a quien me mirara mal y muriendo veinte veces, contra piratas, aliados, la ley de la gravedad y hasta picado por una cobra venenosa. Los sistemas de control son cómodos. El protagonista tiene el peso de Corvo, protagonista de Dishonored, en vez de esa ligereza tan trillada de los peores FPS, y las batallas armadas en las que me encontré mostraron buen control de armas de fuego y correcta inteligencia artificial (los enemigos me flanquean y trabajan en equipo).
Aunque este sea un juego de consola, los gamers de PC no se pueden confiar. Como Far Cry en 2004 y Crysis en 2007, las PC se toman en serio el “cry” del nombre y lloran como magdalenas. La máquina que usamos para probarlo y grabar material se banca sin problemas Battlefield 3 y The Witcher 2 en alta, pero no subía de los 40 cuadros por segundo con Far Cry 3 a menos que redujéramos características clave.
Como Dishonored y como Darksiders II, Far Cry 3 toma elementos de muchísimos géneros, y los combina de maneras inesperadas, ofreciendo una especie de tenedor libre del fichín con elementos para todos desde los sigilosos hasta los psicópatas. Y también como esos dos juegazos, Far Cry 3 parece ser una sorpresita de este 2012, quizás la última, como para terminar bien un año que empezó mal pero repuntó con furia al final.
Fichinescu
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