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Cronotripper 64 (25): Tony “Gibbo” Gibson y el primer videojuego punk

Cronotripper 64 (25): Tony “Gibbo” Gibson y el primer videojuego punk

En el gaming británico de los ‘80, Monty Mole y Wally Week eran los “héroes de la clase obrera” que el público necesitaba. Caricaturas costumbristas que se reían de conflictos…

Ignacio Esains
Cronotripper IG  |  25 de mayo de 2020
504 palabras / 3 min

En el gaming británico de los ‘80, Monty Mole y Wally Week eran los “héroes de la clase obrera” que el público necesitaba. Caricaturas costumbristas que se reían de conflictos sociales que convertían al trabajador en criminal.

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Nada de eso era intencional. Sus creadores eran adolescentes y apolíticos. En la misma época, un diseñador reconoció el poder que el gaming tenía para hablar del mundo en que vivimos.

Tony “Gibbo” Gibson era un programador prodigioso, que en 1982 empezó a trabajar en el estudio Taskset en juegos de Commodore 64. Al año ya estaba diseñando rarezas como el proto juego rítmico Jammin’ y el sidescroller (¡sin botón de ataque!) Bozo’s Night Out, sobre un borracho que tiene que volver a su casa esquivando policías, viejitas indignadas y hooligans.

Gracias al éxito de Bozo, Gibbo se animó a hacer (lo que debe ser) el primer videojuego punk. Tosco. Vulgar. Agresivo. Vibrante.

Seaside Special está dividido en dos fases. Primero el jugador recorre una playa contaminada por una planta nuclear (una referencia al incidente Sellafield), recogiendo algas que luego lanzará a los verdaderos responsables: la clase política que permitió el desastre.

Andy Walker, presidente de Taskset, detestó Seaside Special, y aprovechó las bajas ventas para sacarse de encima a Gibbo. Gibbo lo tomó como un desafío y lanzó con el titán del retail Virgin la fantasía hip hop Ghetto Blaster.

Gibbo siguió jugando al rockstar del gaming. Quiso vender a Domark un juego de la banda Sigue Sigue Sputnik por 85.000 libras (lo sacaron a patadas). Hizo un par de secuelas desganadas de Jammin’ para pagar las cuentas. Y mientras, se comprometía más y más con la ecología.

Su último juego es el más personal: Rainbow Warrior (1989), una colorida colección de minigames basados en misiones reales de Greenpeace, que presentó el juego en el barco que le da nombre.

Pero en los ‘90 un programador de Commodore no tenía donde ir en la industria. Gibbo desapareció en el éter durante décadas y resurgió en 2012 con un canal de YouTube que rescataba la banda sonora de sus juegos.

No hubo redescubrimiento. En 2013 murió de cáncer. Son pocas las historias punk con finales felices.

FOTOS: Los juegos de Gibbo, uno tras otro. Primero la segunda fase de Seaside Special con el ataque a los “polytikians” (de la versión en italiano, la única que pude hacer andar). Después Bozo’s Night Out, Ghettoblaster, el juego nunca publicado de Sigue Sigue Sputnik (durante un par de años estuvo de moda hacer juegos basados en bandas de new wave, en estos días voy a hablar del más interesante), su gran orgullo Rainbow Warrior y una de las pocas fotos que encontré de él en su época de oro, junto a su colaborador Mark Harrison.

La última es de la revista Retro Gamer 116, parte de un perfil súper nostálgico sobre Taskset en el que se ríen de Gibbo y le dicen que busque al ex jefe para tomarse una cerveza y arreglar todo.

La nota, casualmente, es de 2013.

Publicada en Cronotripper IG / ver el original

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