
Final Fantasy XIII-2
Espejitos de colores
Final Fantasy XIII está lejos de ser el juego más querido de la serie, aunque para sorpresa de muchos fue un éxito mundial de ventas, logrando que Square Enix, solo por segunda vez en la historia de Final Fantasy, lanzara esta secuela directa, que en 30 horas de juego logra lo imposible: ser aún más irrelevante que el olvidable Final Fantasy X-2.
Viajes en el tiempo y paradojas
El final de XIII parecía definitivo, pero algo muy extraño parece haber ocurrido al principio de la segunda parte, ya que la protagonista del anterior, Lightning, está atrapada en un mundo llamado Valhalla, donde debe combatir con el misterioso Caius. A Valhalla cae por sorpresa el joven Noel, al que Lightning envía a buscar a su hermana Serah (la que Lightning había rescatado de una prisión de cristal en el juego anterior). Tres años después del final de XIII, Serah vive en un pueblito debajo de la ciudad flotante de Cocoon, que resulta agitado por la caída de un meteorito y la llegada de Noel, que revela que el viaje de Lightning ha alterado el tiempo y el espacio, y como versiones animé del Doc Brown de Volver al Futuro, Serah y Noel deberán resolver las múltiples paradojas temporales.

Si suena rebuscado, es porque lo es. No es necesario jugar el juego anterior, ya que los grandes personajes principales de XIII son (con honrosas excepciones) secundarios en la secuela, más interesada en la mitología de los fal’Cie y las idas y vueltas en el tiempo que los conflictos románticos y sociales que solían ser sinónimo de Final Fantasy. El sistema de viajes en el tiempo (llamado Historia Crux) divierte al principio, pero de a poco se va poniendo más ridículo, lleno de contradicciones y pozos narrativos. Quizás Square Enix podría haber aprendido del genial Radiant Historia de Atlus, o, sin ir más lejos, de su propia obra maestra de 1995, Chrono Trigger.
Un combate ridículamente fácil
El combate no varía mucho del logrado sistema Paradigm Shift de XIII, que nos permitía asignar distintos roles a nuestros personajes y controlar la acción de una manera más estratégica, cambiando tácticas de acuerdo al desarrollo de cada pelea. Durante la mayor parte de nuestra aventura jugaremos con Noel y Serah, ayudados por distintos monstruos que podemos capturar en una original variante de Pokémon. Uno de los aspectos más molestos de XIII era la traba de niveles, que hacía que los personajes tuvieran un tope en cada capítulo, que hacía que el combate se volviera inútil y no nos permitía evolucionar el elenco a nuestro propio ritmo. XIII-2 abandona la idea de topes, pero la solución es peor que el problema. Hay tantos combates al azar que, a menos que resolvamos el juego en tiempo record, nuestros personajes siempre estarán por encima del nivel requerido para derrotar a cada enemigo, inclusive a los “jefes”. Por lo tanto, el juego se vuelve ridículamente fácil, haciendo que cualquier jugador que entrene un segundo más de lo indispensable pueda terminar el juego en piloto automático.

El regreso de los queridos Moogles (esos peluches blancos de cola brillante) en la piel de Mog, compañero de Serah, resulta ser uno de los grandes aciertos de XIII. Mog no solo se convierte en la espectacular ballesta de la protagonista, sino que puede destrabar el tiempo y se puede lanzar por los aires para capturar objetos en la distancia. Mog es solo uno de los increíblemente detallados personajes de un juego que en su aspecto visual no tiene nada que criticar. Con la excusa de las distintas líneas temporales, el mundo de XIII-2 es todavía más variado y original que el de XIII, y se nota la obsesiva mano de Square Enix en las expresiones de los personajes, el diseño de los enemigos y los efectos mágicos que a veces hacen difícil creer que lo que estamos viendo esté generado en tiempo real. La música, en cambio, es insoportable: un pastiche de electrónica, dubstep y hip-hop copiado sin imaginación de las bandas sonoras de Shoji Meguro para la serie Persona.
Más libertad, menos historia
Square Enix parece haberse tomado muy en serio las críticas que recibió Final Fantasy XIII, y las mejoras presentadas en la secuela son evidentes desde el principio, en especial los mapas que ofrecen mucha más libertad de exploración, llenos de secretos y detalles que solo descubrirá el jugador más obsesivo. Es una pena que también haya abandonado lo bueno que tenía XIII, un juego criticado por su linealidad pero no por su excelente historia (la mejor desde el octavo) o su fascinante protagonista. El gran problema de XIII era su estructura que iba sobre rieles y nos prohibía experimentar la historia a nuestro ritmo. XIII-2 soluciona este problema a cambio de una historia repleta de giros sin sentido, que deja poco lugar para los personajes memorables que esperamos de esta venerable serie.

La gran cantidad de actividades paralelas (carreras de chocobos, la recolección de monstruos, el uso de Mog para buscar tesoros) hace evidente el interés del equipo creativo por estirar una historia que no es capaz de sostener un juego de esta envergadura por sí sola… pero si algo hace perder puntos a XIII-2 es el cinismo de Square Enix, que ni siquiera se molesta en dar un final satisfactorio a esta secuela, dejándonos con un “continuará” que solo se puede resolver comprando una cantidad de episodios descargables que saldrán a lo largo del año.
La serie emblemática del rol japonés perdió el rumbo hace rato, y con cada lanzamiento Square Enix se aleja más y más de lo que hizo a esta colección de melodramáticas aventuras una de las sagas videojueguísticas favoritas de Oriente y Occidente. Todavía están en el horizonte los lanzamientos del recién terminado Type-0 y del mil veces retrasado Versus XIII, pero como pasó con otras series del mismo origen (Silent Hill o Ace Combat, por nombrar dos), nos apena informar que el nombre Final Fantasy ya no es garantía de aventura, calidad o ni siquiera de una buena historia.
Mundo abierto, visualmente el mejor y más variado de la serie
Combate demasiado simple. La música. La historia
Reviews
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