
El Camino: Una película de Breaking Bad
Analizamos (sin spoilers) la fenomenal película de Netflix que cuenta cómo sigue la historia del mejor alumno de Walter White

(Este análisis está libre de spoilers - todas las referencias que se hacen al contenido de la película están en el tráiler)
¿Qué es “Breaking Bad: El Camino”? Desde ya, no es una película, ya que es básicamente imposible de entender para cualquiera que no haya visto los 62 capítulos de la serie original. Pero tampoco es un capítulo largo, ya que si algo caracteriza a “Breaking Bad” (y su precuela “Better Call Saul”) es una narrativa propulsiva, basada en ganchos que dejan al espectador desesperado por saber lo que viene después. Y “El Camino” tiene un principio, un desarrollo, y un final cerrado.
El director y guionista Vince Gilligan dió a entender que este telefilm de 2 horas y 2 minutos es un epílogo, que busca dar a la historia de Jesse Pinkman (Aaron Paul) un cierre que tenga sentido, en términos emocionales y de historia. Lo que Gilligan no dice es que también es una reunión - una excusa para desempolvar el universo de la serie, volver a trabajar con Paul, y llenar esas dos horas de cameos, guiños y referencias.
Ese seguramente sea el aspecto que menos funciona de “El Camino”, pero por suerte los guiños están limitados a escenas breves con el propósito de dar un marco a lo que realmente quiere hacer Gilligan: un estudio de personaje.

Jesse, el contrapunto de Walter White
La función de Jesse en “Breaking Bad” era proveer un contrapunto a Walter White, una humanidad que “Heisenberg” no tenía, y una prueba de que por más de que Walt justificara sus crímenes, la capacidad para el mal existía dentro de él desde mucho antes que cocinara su primera bolsita de metanfetamina azul. ¿Pero qué pasa cuando el viejo Heisenberg ya no está para dar un sentido a la generosidad natural de Jesse? ¿Hay una historia para contar?
La historia de Walt era la de un hombre que cortaba de a poco sus conexiones, primero con su entorno, después con la gente que amaba, finalmente con cualquier moralidad. Jesse era lo opuesto, un corazón solitario que ansiaba con formar esas conexiones (con Jane, con Brock, con el mismo Walt), y las perdía, una y otra vez. “El Camino” busca enfrentar a Jesse con la realidad de que ese vacío es imposible de llenar, y lo obliga a descubrir quién es realmente, más allá de la pérdida, la culpa, y el remordimiento que lo persiguen desde el primer episodio.
Película, epílogo, reunión, episodio largo… la teoría importa poco cuando en la práctica, “El Camino” consiste de dos horas de acción y suspenso escritas, dirigidas y casi coreografiadas con la precisión asombrosa a la que Gilligan nos tiene acostumbrados. Los primeros 15 minutos resuelven el final fervoroso de Jesse en la serie (no es spoiler decir que la felicidad le dura poco) y dan paso a una serie de secuencias que son una mezcla ideal del “¿cómo van a salir de esto?” de “Breaking Bad” y el ritmo minucioso y pausado de las mejores escenas de Mike en “Better Call Saul”.
Quién es Jesse Pinkman sin Heisenberg
La mayor parte de “El Camino” toma lugar en las horas siguientes al escape de Jesse de su prisión, y al principio el personaje, claro, está casi irreconocible. El peso del encierro y las experiencias traumáticas que lo llevaron ahí han convertido a Jesse en la cáscara de un hombre. Si no puede volver a ser el que era, si cualquiera de sus vidas previas está cerrada para él, ¿entonces quién es realmente Jesse Pinkman?
La forma de narrar este viaje de autodescubrimiento es la estrategia narrativa que más le gusta a Gilligan: apilar una serie de complicaciones específicas, bien pensadas, y hacernos vivir con el personaje el proceso mental que lo va a sacar de cada problema. Durante la mayor parte de este viaje, Jesse estará solo o rodeado de personajes nuevos o secundarios, y se entiende por qué esta película se filma recién ahora.
El crecimiento actoral de Aaron Paul hace que pueda reducir el Jesse de la serie (escandaloso, excesivo, eléctrico) a una mirada, una reacción, un simple movimiento de una ceja. A lo largo de las dos horas nos damos cuenta que desde la muerte de Andrea, Jesse ha estado en estado catatónico, y el que se despierta es otra versión de él mismo. Una transformación sutil que Paul logra casi sin ayuda del resto del elenco.

No voy a entrar en detalles sobre las situaciones que Jesse debe superar, ya que en descubrirlas está el verdadero placer de “El Camino”, pero si voy a remarcar que, aún dejando de lado la riqueza psicológica del trabajo de Gilligan y Paul, estas son dos horas perfectamente disfrutables, que se viven al borde del asiento. En la primera mitad hay una secuencia extendida de suspenso en un departamento vacío que es una clase maestra de guión, puesta en escena y actuación. Solo por ese momento, “El Camino” justifica el viaje.
Un mejor final para Breaking Bad
El objetivo básico de “El Camino” es dar un mejor final a Jesse. Eso lo logra con creces… pero a mi entender, también es un mejor final para “Breaking Bad”.
A pesar de que Vince Gilligan diga que la serie no quería exaltar la genialidad de Walter White, el final original parece ratificar el plan del protagonista. Al principio de la serie, Walter decide sacrificar su código moral para darle a su familia un futuro, y la ironía de la última temporada es que finalmente logra ese objetivo superficial, perdiendo todo lo demás en el camino - hasta cierto punto. Sacrificar su vida rescatando a Jesse lo redime, al igual que lo hace la forma en la que exculpa a Skylar enterrando cualquier posibilidad de reconciliación con su familia. Es un final prolijo que no estoy seguro que Walt se haya ganado.
“El Camino” nos recuerda que los finales no son tan elegantes, y que como dice Mike, podemos seguir viviendo, pero nunca vamos a poder arreglar las cosas que rompimos. Este epílogo convierte la tragedia de Heisenberg en un hecho más dentro del universo de Albuquerque, y darle a Jesse el control de su historia es un acto de redención para el personaje. Y también para el mismo Gilligan, que imagina un mundo menos perfecto, y a la vez más generoso al quitarle su final operístico a Walter White. Sus ojos se cerraron, y el mundo sigue andando.
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