
Murió Stephen Hillenburg, creador de Bob Esponja
El mundo de la animación llora al padre del dibujo animado que definió un nuevo estilo de humor.
El mundo de la animación llora al padre del dibujo animado que definió un nuevo estilo de humor.
Stephen Hillenburg, famoso por crear a Bob Esponja y su universo de inolvidables personajes, murió el lunes por la noche. Habían pasado casi dos años desde que Stephen comunicó públicamente que sufría de Esclerosis Lateral Amiotrófica, la enfermedad degenerativa del “desafío del balde de hielo” que también provocó la muerte del gran Roberto Fontanarrosa.
Es una enfermedad cruel, en especial para un artista, ya que los síntomas incluyen la pérdida del control de los miembros. Hillenburg no hizo muchas declaraciones públicas posteriores al diagnóstico, pero es especialmente triste que la enfermedad lo haya golpeado en medio del renacimiento artístico que estaba experimentando luego de años de bloqueo creativo.
Hillenburg nunca soñó con crear el dibujo animado más querido de este siglo. Lo que él realmente quería era ser profesor, y en los ‘80 estaba viviendo su sueño, educando a futuros biólogos marinos en el Instituto Oceánico, en Dana Point, California. Su método incluía historietas llenas de humor que comunicaban datos tan extraños como reales sobre la vida bajo el mar.
Pronto Hillenburg descubrió que esta nueva vocación era mucho más que un hobby y abandonó la docencia para sumarse al programa de animación experimental de CalArts - el mismo en el que se formaron Peter Chung (Aeon Flux) y Henry Selick, (El Extraño Mundo de Jack). Es impresionante ver los primeros cortos de Hillenburg, que demuestran que el timing y sentido del humor que caracterizó su obra existía, en forma primitiva, desde el primer momento.
Hillenburg, como la mayoría de los creativos de su época, encontraba inspiración en los cómics satíricos de los ‘50 (principalmente la revista “Mad”) y los dibujantes independientes de “Zap”. Son los mismos artistas que inspiraron a Joe Murray, creador de “La Vida Moderna de Rocko” que vio el corto de Hillenburg y, fascinado, lo contrató como director de la serie a pesar de su falta de experiencia.
Rocko, transmitida de 1993 a 1996, fue la primera serie original de Nickelodeon, que quería replicar el éxito de Ren & Stimpy, buscando series de un estilo visual más agresivo que las de Disney o Cartoon Network pero no tan fuertes como las de su empresa “madre” MTV. Rocko tuvo un éxito moderado, y para Hillenburg fue casi una segunda universidad, donde aprendió a cumplir cada uno de los roles de un creador, desde escribir guiones hasta lidiar con los ejecutivos del canal.
En 1997, luego de la cancelación de Rocko, Stephen pidió a esos mismos ejecutivos una reunión para presentar un nuevo proyecto. El día de la presentación entró a las oficinas vestido con una camisa hawaiana, y en vez de un powerpoint o una carpeta llevó un pequeño terrario, donde había (por supuesto) un enorme ananá y versiones en miniatura de cada uno de los personajes. En el terrario había un caracol. Cuando Eric Coleman, vice presidente de Nick se lo puso al oído, empezó a sonar música hawaiana. El hechizo había funcionado, y Stephen pudo empezar a trabajar en su creación.
A simple vista, Bob Esponja podría haber sido una continuación directa de Ren & Stimpy y Rocko, pero había algo más que la hacía única. La inocencia de Bob no tenía nada que ver con la estupidez o el miedo de esos otros personajes, y su generosidad lo hacía el verdadero héroe de cada historia. El diseño visual de Fondo de Bikini tenía toda la locura de la animación noventera, pero a la vez era un lugar tan agradable de visitar como cualquier reino de Disney. Lo que parecía una parodia de la vida cotidiana estaba más cerca de absurdo que de la sátira. En los “extremos” noventa, Bob era como Stephen: no tenía un gramo de maldad.
Bob Esponja no fue de esas series que se van popularizando por el boca en boca. Nick sabía que tenía un éxito entre manos y fue el primer dibujo animado que el canal estrenó el sábado a la mañana (el “prime time” de la programación infantil norteamericana). En su primer mes derrotó a Pokémon. Un año después era la serie infantil más vista del país - y del mundo.
En 2002, Hillenburg decidió frenar la producción para trabajar en una película diseñada para terminar la serie. La peli de Bob Esponja finalmente se estrenó en 2004 y fue un éxito, quizás el pico de la serie y un punto natural para que Stephen se baje del caballo. Desde entonces ocupó un rol en la serie más cercano al de supervisor, dejando las riendas de Bob en manos de sus hábiles colaboradores.
Hillenburg era un perfeccionista, y luego de años de ocuparse de cada detalle de Bob, decidió descansar. Pocos años después se aburrió de esta jubilación y empezó a trabajar en proyectos más cortos en colaboración con otros artistas, aunque ninguno de estos se terminó estrenando - el más interesante consistía de una película basada en el cómic de Rob Zombie “The Haunted World of El Superbeasto”.
En sus últimos años animó por su cuenta un corto de dos minutos llamado “Hollywood Blvd., USA” y se animó a volver a Bob Esponja, con una segunda película, tan buena como la primera. Eran los primeros pasos de un regreso del que nunca quiso revelar muchos detalles.
En marzo de 2017 Hillenburg reveló que había sido diagnosticado con la enfermedad que menos de dos años después le quitó la vida. Fue uno de los grandes creativos de la animación infantil moderna, y a todas luces un tipo con el que era un placer trabajar. En febrero de este año hizo una de sus últimas apariciones públicas en los premios Annie, donde recibió el premio Winsor McCay a la trayectoria. A pesar de que ni siquiera pudo subir a agradecerlo, la reacción de los colegas que lo rodean es suficiente testimonio de la clase de hombre que Hillenburg era. Tan transparente como su propia creación.
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